NOSOTRXS

La obra de Olalla Gómez cierra conceptualmente la exposición aproximándonos al nosotros como única forma posible de entendernos: trascendiendo la individualidad a través de corporalidades conectadas y abiertas a una existencia común.

Dentro de una estancia oscurecida encontramos una bombilla de gran tamaño que ilumina el espacio. La luz de la bombilla se activa a través de cualquiera de los dos interruptores enfrentados en la sala y conectados al bulbo lumínico mediante dos estrategias diferentes: por un lado, un circuito de cables multicolor que se van entrelazando y empalmando entre ellos; por otro, un único cable blanco, rectilíneo y solitario. El primero simboliza la dimensión inseparable del nosotros; el segundo, la falsa independencia de un yo imperturbable.

La instalación es una lucha imaginaria entre el yo y el nosotros planteado como dicotomía a nivel visual: o estas en un lado o estas en otro, si enciendes un extremo presupones que apagas el opuesto o viceversa. Es decir, se genera una supuesta competitividad entre las dos agencias para activar la energía luminosa. Una disputa oculta por detentar el poder. Sin embargo, nada más lejos de la verdadera significación de la obra, que aboga por una coexistencia igualitaria en la que nadie se eleva por encima de nadie. El conflicto es totalmente ilusorio porque todo forma parte de un mismo sistema: la realidad es que no hay lo uno sin lo otro, yo sin el nosotros, nosotros sin el yo. Pensemos que, si al entrar a la habitación la bombilla está encendida, cualquiera de los dos interruptores la apagará, si está apagada, cualquiera la encenderá. En definitiva, intentar apagar lo “otro” solo sería una suerte de autosabotaje bien camuflado. En el aparente juego de duplicidades solo hay unidad. Negar el nosotros es negarse a uno mismo.

La continuidad está de igual manera presente en la amalgama cromática donde la separación realmente no existe, solo un perpetuo inacabamiento. Los colores evidencian que son cables diferentes, pero no autónomos, se afectan recíprocamente conformando un todo único. Cada uno de ellos introduce el contraste en un entramado de posibilidades común. «Esta compartida contaminación se debe a que una y otra son sistemas diacríticos, o sea que están compuestas por relaciones de oposición. Les es común la diferenciación que, como hemos visto, da lugar a que cada una de ellas «se inmiscuya» en la otra».[1]

Por otro lado, la pieza tiene una clara lectura política apoyada en toda una simbología material que nos permite hablar de cables de sentido o empalmes de solidaridad. El cable blanco es el poder, la hegemonía, las multinacionales, el patriarcado; el conjunto coloreado representa el grueso de la sociedad, lo colectivo, lo diverso. Una multiplicidad más allá de la suma de individualidades. Mantener este enfrentamiento no tiene sentido puesto que todos estamos co-implicados en un mundo común: somos interdependientes y nuestras acciones siempre pasan por el otro. Los problemas son universales, hay efectos reales a nivel global de lo que puede estar pasando en un país. Lo vemos con la inmigración, las enfermedades, el calentamiento global…Es necesario buscar puntos comunes, dejar a un lado los intereses individuales para unir fuerzas y generar una potencia mucho mayor, más constructiva. Como apunta la filósofa Marina Garcés, se trata de «una apuesta por conquistar otro sentido de la libertad que pasará por reaprendernos desde y con los vínculos que nos componen y, por lo tanto, desde un sujeto que no se puede pensar frente a frente, en la distancia absoluta e irreductible respecto a los demás, sino desde los vínculos y los entrelazamientos que le sitúan entre los demás.»[2]

La instalación descubre un entramado que suele estar oculto detrás de las paredes, pero que es totalmente necesario para el funcionamiento de aquello que sí se nos muestra. La visibilidad, la luz, lo perceptible. En el otro lado hay toda una serie de relaciones que se despliegan intercorporalmente, entre el mundo y nuestros cuerpos, siempre inacabadas.

La artista hace visible lo invisible y evidencia su recíproca dependencia.

                                                                                                                     Texto de Nerea Ubieto en el catálogo de la Exposición Artfulness, sentir, cuerpo, nosotros.

 

[1] BECH, José María. Merleau-Ponty. Una aproximación a su pensamiento. Autores, textos y temas. Filosofía. Ed. Anthropos. 57. Barcelona, 2005.p.147

[2] Extracto de la conferencia Maurice Merleau-Ponty leído por Marina Garcés en el curso “Biblioteca abierta”. Macba, Barcelona, 2015