Texto curatorial de Nerea Ubieto para Salón en: http://input.es/contemporanea/in-out-up-down-salon/

 

A.SALTAR

La instalación surge a partir de la invitación de Nerea Ubieto para participar en la exposición In & Out Up & Down dentro de Salón.  Y pertenece a un proyecto de investigación, a través del cual se proponen cuestiones relacionadas con los límites entre movilidad/inmovilidad física y psicológica. En este sentido, la intervención parte de las estructuras casi militarizadas de la ciudad,  sus dispositivos de disciplinamiento físico y psicológico  orientados a la reproducción de un ciudadano autoreprimido.

Movilidad dirigida, vigilancia y limitación, genera inmovilismo y desgana en los cuerpos, representada en este caso por vallas perimetrales cuya aparición exponencial en la cuidad es quizá más visible que otros dispositivos disuasorios o de control, ya sean cámaras de seguridad, obras públicas, subida de impuestos, leyes como la ley mordaza, etc.

En el diseño del comportamiento en la  vida social que el estado impulsa bajo sus discursos totalitarios, la ciudad se transforma en un territorio dirigido donde los tráficos de lo cotidiano se vacían de sentidos y donde toda queja y malestar se acalla y reprime, replegándose hacia zonas de silencio y de invisibilidad, esto es, el espacio privado.

En la intervención, las vallas son llevadas al espacio privado para establecer un paralelismo entre el bloqueo físico y el bloqueo o inacción mental que se genera en ambos espacios a partir de restricciones, prohibiciones, censuras y a fin de cuentas, limitaciones. Negar la entrada, cercar el Salón reflexiona sobre cómo la proliferación de restricciones va reduciendo nuestras parcelas de libertad (movimiento/pensamiento) llegando a afectar al salón de nuestra casa, de nuestra mente. Esta lectura conlleva un paralelismo con la situación anímica actual de desgana y parálisis sociales.

Obstaculizar con vallas la entrada de una casa, busca crear un cierto impacto, un diálogo entre lo que sucede fuera, en las calles y plazas de la ciudad y cómo todo ese ahogamiento al que nos vemos sometidos, incide directamente en nuestro estado anímico aún cuando estamos en nuestras casas, supuestamente el lugar donde nos sentimos más seguros. La escena simboliza de forma directa el ataque a la vida privada, tanto en el nivel de los cuerpos como de la conciencia, a la vez que inscribe ese ataque dentro de los límites de un territorio ahogado por la violencia represiva del estado y de sus diversas instituciones “panópticas” de control.

Mediante la instalación de la valla se genera un desafío de las reglas lógicas del comportamiento social. La estrategia de interrupción del tránsito define una ruptura simbólica con la disciplina urbana, y al tiempo que niega la entrada a una casa, prevista para la circulación, invita a inaugurar nuevos significados. La valla  que bloquea el paso hacia el salón funciona como un dispositivo que enfrenta a las personas a una disyuntiva, y termina poniendo de manifiesto la fuerza y el arraigo del condicionamiento social y de la codificación de sus símbolos. Finalmente, saltar la valla pone en juego la posibilidad de la desobediencia civil, del gesto crítico que se manifiesta ante un mandato tan absurdo como autoritario.

Esta estrategia genera la posibilidad de desbordar los límites del disciplinamiento represivo de manera efímera.

¿Cuándo saltaste una valla por última vez?

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